18 de Mayo de 2026

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21 de marzo, Día Mundial de los Glaciares.

Sin glaciares, no hay agua dulce la agricultura y todas las actividades humanas; porque son una fuente importante en el ciclo del agua. En los océanos hay evaporación, se forman las nubes, las nubes viajan, se precipitan en el continente y en las altas montañas es sólida y eso es lo que alimenta a los glaciares, mientras que en las partes bajas ocurre como lluvia. En consecuencia, la ONU asignó el 21 de marzo como el Día Mundial de los Glaciares por primera vez, y a partir de este 2025 se repetirá cada año.

Desde un punto de vista climático, los glaciares son los mejores sensores naturales que existen para identificar cambios importantes en el clima; así, si la temperatura promedio anual global aumenta estas masas de hielo retroceden, pero si disminuye, crecen.

La emisión de gases de efecto invernadero ha provocado esta exacerbación del retroceso glaciar que tienen que ver con la actividad humana, con la industria, con la movilidad y la energía eléctrica que utilizan combustibles fósiles, pero también algunos procesos naturales.

El inventario glaciar mexicano ubicaba 17 glaciares que proveían agua dulce al país, sobre todo durante las épocas de estiaje; fenómeno que se produjo hasta el siglo XX. Hoy en México sólo quedan tres glaciares: uno en el Pico de Orizaba y dos en el pecho y la panza de la Mujer Dormida. Los del Iztaccíhuatl, tienen los días contados, y habrá que recordar que en 2018 se extinguió el glaciar Ayoloco en donde hoy sólo queda una placa de acero que alerta a las futuras generaciones sobre los efectos del cambio climático.

La ausencia de los glaciares mexicanos ya impacta en la disponibilidad de agua dulce, así como en la regulación del clima. No sólo se funden como parte de su régimen hidrológico y proveen de agua a las zonas bajas en cuerpos de agua superficial, sino también nutren los acuíferos.